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AVA-ASAJA denuncia la incoherencia de la CE al proclamar una PAC más verde y el Green New Deal mientras incentiva importaciones que sustituyen la producción citrícola europea

Sudáfrica prevé producir 600.000 toneladas más de mandarinas que en cinco años desplazarán del mercado las 300.000 tn de variedades tempranas europeas

La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) denuncia “la incoherencia y la hipocresía” de la Comisión Europea al proclamar una Política Agrícola Común (PAC) más verde y el Green New Deal mientras, al mismo tiempo, incentiva el incremento de las importaciones de cítricos procedentes de países terceros que sustituyen y desplazan del mercado comunitario la producción europea.

El presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, denuncia que “para Bruselas una cosa son las palabras en defensa del medio ambiente y otra radicalmente distinta son los hechos en forma de acuerdos comerciales donde, de repente, parece que ya no le importa la huella de carbono que entrañan las importaciones venidas desde miles de kilómetros, el uso de productos fitosanitarios que prohíbe a los productores europeos pero consiente a los envíos foráneos, o el despoblamiento de la Europa rural. Su política en materia alimentaria no solo es suicida, sino también un absoluto contrasentido que no se sostiene en lo más mínimo”.

De este modo responde la organización agraria a la afirmación formulada por el ejecutivo comunitario de que la crisis citrícola estaría motivada por las carencias estructurales del propio sector productor de España y en ningún caso por el impacto comercial y el riesgo fitosanitario que provocan las importaciones de cítricos originarios de países terceros, principalmente las mandarinas de Sudáfrica en la primera mitad de la campaña europea (de septiembre a diciembre) y las naranjas de Egipto en la segunda mitad (de diciembre a junio). En lugar de tomar medidas, Bruselas se limita a recomendar mejoras en las organizaciones de productores (OPs) y en las estrategias de coordinación dentro del propio sector.

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Sudáfrica ha plantado en los últimos años más de 23 millones de plantas y las previsiones más objetivas apuntan a que en cinco temporadas podrá introducir en la Unión Europea unas 600.000 toneladas de mandarinas tardías durante el inicio de la campaña citrícola comunitaria. Este volumen al alza tendrá un efecto demoledor sobre las 300.000 toneladas de variedades extratempranas y tempranas que se cultivan actualmente en España. “Sudáfrica todavía no es el gran problema de nuestra citricultura, pero con estos datos es evidente que, si Bruselas no lo impide, la sobreoferta y el desplazamiento de la producción local no solo se producirá de una forma drástica sino también irreversible”, agrega Aguado.

Por su parte, Egipto está llevando a cabo un ambicioso plan para ampliar la superficie dedicada al cultivo de naranjas y convertirse en la principal potencia productora en la cuenca mediterránea. Dicha ampliación, sin embargo, carece de registros oficiales y, por tanto, se desconoce hasta qué punto crecerá su producción en los próximos años y ocasionará un daño comercial a los cítricos europeos comercializados simultáneamente.

Además del impacto sobre los precios en origen, AVA-ASAJA alerta del grave riesgo fitosanitario que entraña la entrada a Europa de los cítricos procedentes de terceros países. Precisamente Sudáfrica encabeza el ranking de interceptaciones de cargamentos citrícolas en los puertos de la UE contaminados con plagas y enfermedades, con un total de 34 casos en 2019: 21 de Thaumatotibia leucotreta o falsa polilla (provoca graves daños comerciales a los frutos) y 9 de Phyllosticta citricarpa (el hongo que causa la mancha negra de los cítricos, una plaga no presente en Europa), entre otros patógenos. “Da la impresión que Europa no se entera de que está jugando con fuego”, asegura Aguado.

Critica el dirigente agrario que “la Comisión Europea está llevando a cabo una estrategia premeditada que sacrifica sistemáticamente a la agricultura mediterránea para poder vender en esos países terceros otros productos tecnológicos o industriales, aunque dicho intercambio comercial suponga destruir un sector europeo tan estratégico del que depende la soberanía y la seguridad alimentaria, la fijación de población en el medio rural o la lucha contra el cambio climático. A diferencia de los cultivos continentales, las frutas y hortalizas no tienen un mercado con unas mínimas condiciones de reciprocidad y reciben unas ayudas PAC sencillamente testimoniales que no inciden sobre la renta de los productores”.

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