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EL SECTOR PRIMARIO, LA POLÍTICA Y LAS ASOCIACIONES DE VECINOS.

Cuando al comienzo de nuestra democracia se proyectó el movimiento vecinal, que estaba encorsetado dentro de los famosos teleclubs creados por Fraga Iribarne. los barrios de las grandes ciudades y de zonas rurales, vieron una ventana fresca y reivindicativa donde debatir la problemática y necesidades de los barrios, y nacieron y crecieron muchas asociaciones vecinales con una carga crítica, democrática y reivindicativa, que fue capaz de hacer crecer las infraestructura sociales de de muchos barrios que habían sido olvidados por las política de la dictadura. eso sucedió en toda la geografía española.

En Canarias el compromiso ciudadano con su barrio se dejó notar en esas asociaciones con un compromiso nunca visto.

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La mayoría de ellas, la participación era ejemplar, recuerdo ver asambleas de barrios donde había representación de toda la vecindad, era un canto democrático continuo, hasta tal punto que la unión de algunas asociaciones fuero capaces de plantar cara a los partidos y ganar el gobierno de municipios no precisamente pequeños, por ejemplo, en Tenerife el municipio de Icod de los Vinos.

Eran momentos donde todo era política con mayúsculas, democracia con mayúsculas, y reivindicaciones del todos a una. Pero llegaron los listillos y compraron la ingenuidad de los dirigentes vecinales, o las ganas de algunos de ser importantes cuando ya lo eran. A los listos y a los partidos les interesaban los votos y el control vecinal, y fueron a por ellos y lo consiguieron, sin pensar la falta que hacía un movimiento vecinal democrático, reivindicativo, pero no partidista. Estaba en juego la convivencia vecinal y la mejora de todos, esa era la función de las asociaciones de vecinos, o hasta ese momento lo era.

Desde las asociaciones se llevaban a cabo infinidad de proyectos comunes y mejoras sociales, se sabía a quienes se tenía que ayudar individual o familiarmente por solidaridad, no por el voto, eso era lo que menos importaba.

Ahora con esta crisis las instituciones y partidos que se cargaron el movimiento vecinal, resulta que les hace muchísima falta para poder engranar una serie de medidas que desde los gobiernos sean autonómicos, de las islas o de los municipios, quieren poner en marcha descubren si es que lo hacen, cuanta falta hace ese engranaje social vertebrador de la cotidianidad por el conocimiento de sus barrios.

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Por ejemplo, cuanta falta hace ese movimiento vecinal en estos momentos, para una campaña seria desde las instituciones hacer posible que nuestro sector primario no se pierda, cuanta falta nos hace, no por lo que aporta al PIB de los economistas, por la confianza que supone tener la comida asegurada en calidad y seguridad. Vemos que las grandes superficies en su mayoría, nuestra producción local no les interesa, y como consecuencia miles de kilos de comida pueden ir a para o al ganado, o a la basura, de hecho ya se están, dando esas circunstancias tirando una producción que será la ruina para muchos dentro del sector. Y es que por mucho que se quiera la maquinaria administrativa es tan lenta, que hace posible eso. Las necesidades imperiosas que tiene el sector primario son para la semana pasada, no para la próxima.

Las razones son obvias, son productos perecederos, no son piezas de fabricas que se pueden guardar años.

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Pero parce que para algunos no queda claro que el sector primario no puede darle a un botón y parar la producción, en las actuales circunstancias que vive el sector de ruina más absoluta, el que pare su producción le va a costar lo que no tiene volver a ponerla en marcha. Y eso es algo que Canarias no se puede permitir, sería un gran error que nuestros dirigentes lo hicieran. Pero también sería un gran error que no se usen todos los mecanismos posibles con la agilidad necesaria para evitar la ruina de nuestros agricultores. Y si pare eso hay que usar el decreto de alarma, que se use, de lo contrario puede suceder que el futuro del sector ni siquiera nos pueda aportar ningún tipo de soberanía y seguridad alimentaria.

Por eso insisto cuanta falta nos hace un movimiento vecinal fuerte, democrático y despolitizado.

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