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LA NUEVA NORMALIDAD DEBERÍA TRAER UN CAMBIO DE MENTALIDAD EN EL CONSUMO.

Vuelve el Estado de Alarma y es evidente que todos debemos de ser conscientes de lo que eso debe suponer en cuanto a los modos de vida de cada uno y de su conjunto familiar. Queda claro que el consumo es lo que más se va a resentir, el consumo de lo no necesario, de lo que podemos prescindir para vivir. Y aún sintiéndolo mucho tenemos que ser conscientes que muchos comercios minoristas se van a resentir cuando no a cerrar, las superofertas o exceso de ellas es algo que existe y que se nota, lo mismo que se nota el exceso de centros comerciales o de supermercados de grandes cadenas que lo acaparan todo.


Uno de los elementos que no caerá tanto en el consumo es la alimentación, no quiere esto decir que no se resienta, seguro que si lo hará, que nos tendremos que ir adaptando a consumir lo necesario, lo que de verdad nos alimenta y por consiguiente es muy probable y sería de desear, que se diera una mejora en los hábitos alimenticios lo que supondría un beneficio enorme para nuestra salud.


Desde esta página hemos dicho siempre el valor de una buena alimentación, y no hay mejores productos que los que salen de los ganaderos y agricultores más cercanos, es decir de los pequeños y medianos y de la agricultura y ganadería familiar.

Pero no solo hay que entender de la buena alimentación en los lineales de las grandes superficies, para generar toda una economía circular, es muy necesario potenciar el pequeño comercio de las ciudades, que casi siempre es lo más cercano que tenemos a mano. Si la ciudadanía logra entender los enormes beneficios que aporta el engranaje de la economía circular, habremos dado un paso importante en la creación de empleo seguro y de calidad, en revitalizar el barrio, en asentar la población al medio rural, en asegurar una soberanía alimentaria, en quitar de en medio al intermediario y por consiguiente abaratar el producto, y el tener una seguridad alimentaria que no se tiene cuando los productos llegan de terceros países.


Todo lo anterior, sería un trabajo en conjunto de tanto del sector primario como de las asociaciones vecinales, las de padres de alumnos y todas las fuerzas vivas del conjunto social, el saber que podemos y debemos tener autonomía propia para decidir lo que es bueno y saludable para todos, tanto nutricionalmente como económicamente, sería una buena forma de entrar en lo que se da por llamar cuando termine y aún dentro de esta pandemia la nueva normalidad. Que sea una nueva normalidad que nos beneficie a todos, no sólo a unos pocos, y que sea también de esa forma un aporte a la lucha contra el cambio climático.


Puede que sea una utopía, pero realizable, todo depende del grado de compromiso y empatía que queramos tener con con el planeta y los que vivimos en el, que no dependa de otros el cambio de hábitos de compra y de comida, y sobre todo de los o para los que la alimentación más que un servicio es un gran negocio.  

Adán Carrlero y Fernando Alemán.   

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